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cómo dejar de sentirme sola

 

Si hoy te sentaras a tomarte un tintico contigo misma, ¿Qué te preguntarías?

 

Imagina que hoy cierras la agenda para el mundo, pones un cartel que dice Esta cita es mi momento conmigo misma, lo demás puede esperary decides que no hay nada más urgente que escuchar tu propia música.

Te sirves un café en tu taza favorita, te sientas en el sofá y empiezas a conversar con tu persona más importante “Tú”

¿Qué le dirías? ¿Qué le preguntarías? ¿Cómo te sentirías después de esta conversa?

Cuando se habla de conversar con uno mismo, de autorreflexión pensamos que todo el tiempo tiene que ser de la confusión, de la duda, de las reprimendas que tenemos para darnos.

Pero no; hablar contigo también incluye esos pasitos que te estás atreviendo a dar, ese instante donde te das cuenta que ya tomas tu lugar, de esa ida a cine sola. De esa claridad que hoy empieza a deslumbrar.

De ese tema que antes te costaba nombrar y hoy hablas con más tranquilidad.  De esa persona que empezaste a soltar.

Qué bonito es llegar a esa conversación que te roba una sonrisa y una nueva verdad “jamás pensé estar así ahora “y sí, en el momento que estamos en la bruma, pensamos que de ahí nunca vamos salir.

Pero; sí llega ese instante donde no necesitas pelear tanto, que lindo es llegar ahí. Celébralo no es un regalo, lo viviste, lo afrontaste. Te lo mereces.

Me tomó tiempo darme cuenta de que mi 'música interna' también tiene notas de celebración. Es una brizna de paz que te baña de tranquilidad. Ya no es un silencio que incomoda, sino uno que te habita. Es una energía que no pide permiso para florecer; emerge de manera natural. Y de que hoy, por fin, tengo menos miedo a ser feliz.

Por eso, esta es una invitación a que sigas caminando. Disfruta cada reto de tu vida como lo que es: un paso necesario. Solo tú sabes lo que costó llegar hasta aquí.

Comparte en los comentarios ese reto que hoy puedes decirle: que bien que ya estoy mejor.  

 Chispitas de autoconocimiento para ti.

 

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5 Razones para apreciar tu soledad 


 

MI RITUAL DE CUMPLEAÑOS: CELEBRANDO LA IMPERFECCIÓN

Este es mi mes de cumpleaños y como amante de las letras, quedarán en mi bitácora las palabras que me abrazan en este día.

Mi cumpleaños es un ritual para mí: empiezo sentándome en la cama y mirando el ayer con un gracias, por todo lo que he decidido ser y hacer.

Me regalo flores amarillas, muevo mi energía con el ejercicio.

Hoy hice un "trend" en el gimnasio apagando la velita mientras trataba de hacer una flexión, para nada perfecta me salió, pero me disfruté el momento.

Lo subí a las redes sociales con un “no se rían de mí “quizás es de esos momentos en que uno se da cuenta que la vida es justo eso “aprender a vivir los instantes “tal cual son, con altas y bajas. Como esa flexión que no fue perfecta, pero que me dio la chispa de energía para decir “sube ese video”

 # vale el intento,  # vale ser tu momento feliz.

 

También, reconozco las veces que renuncié a intentar algo por las mil razones que hayan sido, me prometo seguir aprendiendo de la vida y abriéndome a nuevas posibilidades con el corazón abierto y con la sensación de que en cada momento encontraré la sabiduría para afrontarlos.

No sé qué me deparará el mañana, pero sé que:  el hoy es un hermoso regalo para habitar la curiosidad que me acompañe. Creo que es justo esa la que nos hace abrir los ojos y el corazón, esa llama que nos invita explorar y que un día nos regala un: ¡qué bueno que lo hice! o un seguí mi instinto.  

 Así que hoy te invito a curiosear en tu interior:

 Imagina que frente a ti se abren dos caminos. Uno que ya te han contado cómo es y otro en el que no sabes qué encontrar.

 

Tienes dos opciones honestas: atravesar el que ya te contaron, pero eligiendo tu propio sentir, imprimiendo tus toques, o elegir fundar un mundo propio, sabiendo de antemano que puedes encontrar la forma de sostener lo que allí encuentres o te exija aprender mientras das un paso.

No quiero juzgar el camino de otros. De hecho, en muchas ocasiones una palabra, un as bajo la manga de alguien me salvó de una caída, me abrió los ojos, una palabra, un actuar de ellos lo sentí como huella para mí, mientras reconocía mi propio sentir.

Hoy ya me he sentado muchas veces conmigo, he tropezado, intentando y he aprendido a llevar conmigo una consigna innegociable de vida: lo voy a mirar con mis propios ojos.

Me voy a preguntar, a cada paso, ¿cómo lo haría yo?

 Lo hermoso es que, pasito a pasito, mientras miras cómo le hace otro, encuentras el tuyo. Vas imprimiendo tu propio sello y, en cada línea escrita en silencio, vas poniendo tu propia elevación interna, hasta que un día es tu brújula interna la que más te mueve.

 Hoy cumplo quién sabe cuántos ciclos de vida, pasando de alma a alma. Y he entendido que cuando dejas de mirarte con menos tiranía y mentirte menos, el resultado natural es que sigues tus impulsos internos con más tranquilidad.

Quiero que te lleves esto hoy si resuena contigo: no importa en qué ciclo de vida estés hoy, siempre pon un poco de tu curiosidad, pregúntate.

¿cómo lo haría yo?  

Como lo disfrutarías tú a tú ritmo, a tu esencia.

 

Feliz cumpleaños para ti Lili, te mereces lo que sueñas. ¡Muchos instantes vividos con el corazón abierto!

 

 


Aprender a hacer algo nuevo sin buscar aprobación externa

Elegir hacer, crear y sostener a diario lo que a mí me llena. Tiene belleza en sí misma, encuentro en mi propia elección, un poder interno que no necesita explicación. Lo hice y ya.

Cuántas veces decidimos emprender algo y el solo hecho de dar el primer paso ya es suficiente, porque lo hemos postergado o porque es un capitulo importante en esa meta que nos hemos trazado. No se trata de mirar los resultados; es la celebración del coraje, del umbral del dolor que decidimos pasar justo ahí; en ese segundo, la euforia de ese instante.

Hay un proceso de aprendizaje que para mí ha sido muy contemplativo y es aprender a nadar, cada vez que me atrevo a dejarme ver mientras no me sale bien la técnica, me celebro ¡qué bueno que vine! ¡qué bueno que lo hice!

Elegir una y otra vez algo que no siempre sale como “debería” requiere más valentía que esperar a que sea perfecto. Y se vuelve todavía más complejo cuando la referencia deja de ser interna y pasa a ser la mirada externa, esa que compara, clasifica y mide desde parámetros que ni siquiera son propios.

Y justo ahí está mi llamado, que tus propias elecciones te sean suficientes. Hay una frase que dice “cuando el zapato aprieta solo lo sientes tú”. Y yo digo: el cincel que esculpe tu propia grandeza lo llevas tú, es en tu corazón donde late cada suspiro y cada aliento que te recuerda: estoy viva.

La aprobación la tienes tú. Si eso te nutre, te transforma, te brota una sonrisa y revela tu belleza, no lo cuestiones. Siéntete gratificado por hacerlo.

¿Qué me llena?  ¿qué me mueve?

💙Para definir lo que es importante para mí, lo vinculo a un estado interno:

 💚Satisfecha (Esto lo elegí hacer)

 💛Saca algo de mí (Creación, escucha, retroalimentación, paz, aprendizaje)

 💓Me hace sentir a gusto (Feliz, lo quiero repetir, enfocada)

💝Exige un poco más de lo habitual (lo vuelvo a elegir incluso aunque me incomode un poco, me rete)

El "qué bueno que lo hice" llega cuando nuestras elecciones nacen de un querer genuino, de un deseo interno. Es ahí donde aparece la verdadera autonomía: cuando no elegimos para cumplir, sino para escucharnos.

Yo también estoy en ese aprendizaje: escucharme  y a compartir lo que me mueve de verdad. El autoconocimiento, el acompañar, desde la escritura, eso que siento

CIERRE DE AÑO: LO QUE NADIE DICE

 Este año me enseñó que no todo se mide en logros o sonrisas. A veces, un abrazo esperado duele. A veces, estar cerca de quienes deberían sostenerte deja un vacío profundo.

Las reuniones familiares fueron espejos: emociones escondidas, heridas silenciosas, relaciones que no siempre son recíprocas. Ese dolor es real. Hablar de él no me hace débil, me hace humana.

Me pregunto: ¿qué palabras del otro quedaron resonando dentro de mí? ¿Qué temor despertaron, qué parte de mí lastimaron? Cada sensación incómoda, cada recuerdo de lo que dolió, me enseñó a mirar con honestidad lo que siento.

Pero no todo es dolor. También hay egos, expectativas, comparaciones y defensas. A veces nos hiere lo que sentimos del otro, otras veces nos hiere lo que nuestro propio ego no quiere aceptar: la vulnerabilidad, la sensación de no ser suficientes, la frustración de ver lo que no podemos controlar. 

Reconocer tanto el dolor como el ego nos permite mirar con honestidad lo que realmente nos mueve y cómo queremos responder.

 

Sentirse no querido duele. Incluso cuando tratamos de hablar con amor, nuestra energía revela lo que realmente sentimos; se percibe la incomodidad, lo que no es sincero, y el cuerpo lo capta. Reconocerlo me ayudó a aceptar que algunas relaciones no me sostienen y que eso no disminuye mi valor ni mi capacidad de amar.

Así como me duele la indiferencia de otros, mi propia distancia también puede doler. Las relaciones son espejos: reflejan lo que sentimos y lo que callamos deja huella. Reconocerlo no es culpa, es conciencia.

Algunos se acostumbran a hablar con tiranía, a compararnos y a creerse superiores por logros. Pero, ¿alguien se ha preguntado cuál es la visión de cada uno? ¿Cómo vive su mundo, cómo sueña, desde qué propósito se mueve?

 

Tal vez no hay culpa, sino oportunidades de aprendizaje. Tal vez es de lo que dejamos pasar, de los límites que no pusimos, de los patrones heredados. Este año me hizo mirar quién soy de verdad, qué impacto tengo en los demás y cómo el amor que doy refleja lo que atraigo. Me pregunto: ¿lo que estoy generando está creando distancia o cercanía? 

 

Este cuestionamiento me permite actuar con conciencia, decidir mis límites y elegir dónde poner mi energía.

Aunque duela, aprendí a dejar al otro a su manera. Separar mi espacio es un acto de amor propio. Nos permite existir sin invadir y cuidar nuestras palabras y actos.

 

Mucho del dolor que sentimos no se expresa, y esos hilos invisibles de amor siguen ahí, silenciosos. Resurgen en un gesto, un detalle, un acto que puede alegrar al otro. Mantienen viva la conexión.

 

Tuve un encuentro familiar que inicialmente me generó resistencia. Sentí coraje, resentimiento y felicidad; sentí una mezcla de emociones. Pero me permití enfrentarlo, sentirlo, vivirlo y, al mismo tiempo, dirigirlo con conciencia. Me di permiso para nombrar lo que siento, para mirar mis dolores de frente.

Creo que este espacio ha sido un privilegio. Mirarlo así me permite recordar que cada persona, en su interior, carga algo que le duele. Entenderlo no justifica lo que hiere, pero abre la puerta a la compasión y me ayuda a no tomarlo todo como algo personal.

 

Poco se valora el coraje de reunirse, incluso con todas las heridas propias y ajenas. Hay quienes ni siquiera se lo permiten. Hacerlo es un gran regalo: un acto de amor hacia ti mismo y hacia el otro.

 

Y este ha sido mi mayor regalo este año, mi gran privilegio: permitirme mirar, sentir y enlazarme, incluso con todas las heridas, con honestidad y amor. Reconocerlo es un acto de cuidado propio y de conexión profunda con los demás.

 

Sentir es vivir. Vivir es permitirse ser auténtica. Y eso es lo más valioso que puedo llevarme de este año.


MÁS ALLÁ DE LA RESPUESTA: APRENDER A DAR SIN ESPERAR

Esta sensación de empezar a soltar expectativas surgió de una dinámica que decidí hacer conmigo misma. Había leído en un libro sobre la importancia de tener referentes personales, pero también de observar los pequeños detalles de quienes nos rodean y cómo esos gestos nos impactan.

 

Muy juiciosa, seleccioné a algunos de mis referentes y les escribí, compartiéndoles lo que percibía de ellos. Uno de ellos no respondió y, de inmediato, sentí inquietud. Le envié un mensaje para confirmar si había recibido mi detalle y fue allí, en ese proceso de introspección que he aprendido a cultivar, cuando surgió la comprensión: necesitaba soltar expectativas.

 

Me pregunté: ¿cuánto de lo que hago está guiado por mis deseos genuinos y cuánto por lo que creo que debería ser? 

Manifestar mi sentir hacia él ya había sido un acto de valentía y reconocimiento, y eso por sí solo era suficiente. Mientras observaba mis razones para expresarme, descubrí que tomarme el tiempo para escribir, elegir las palabras y entregar mi mensaje yo misma era un gesto que no solo reconocía al otro, sino que también me permitía ser coherente con lo que sentía.

En cada decisión que tomamos se esconden pequeñas sorpresas, pero muchas veces estamos tan expectantes a lo que creemos que debería ser, que no las percibimos.

Es importante aprender a reconocer cuando esas expectativas nos generan ansiedad o sensación de insuficiencia. Al soltar expectativas nos abrimos a ver posibilidades que antes no veíamos.

 

Al final, mi confirmación me dejó ver que mi referente no había recibido el detalle. Ese pequeño hecho, desconocido, me abrió la puerta a un conocimiento profundo de mí misma. Descubrí que la verdadera importancia estaba en mi decisión de expresar lo que sentía: un regalo, no por si él lo recibía, sino por atreverme a dar ese paso. Porque cuando decimos lo que sentimos, ya estamos conectando con nuestra verdad, y eso se siente bien.

 

Escribir lo que esperas y luego cuestionarlo: ¿es real, necesario, mío?

Porque al final lo importante es desde dónde expresas lo que sientes, viene desde tu autenticidad o desde la necesidad de hacer ruido. 

 

Una práctica que recomiendo no saltarte en tu vida, es cultivar tu paz interior sin importar las turbulencias externas.  Hazlo a ver qué pasa.