Esta sensación de empezar a soltar expectativas surgió de una dinámica que decidí hacer conmigo misma. Había leído en un libro sobre la importancia de tener referentes personales, pero también de observar los pequeños detalles de quienes nos rodean y cómo esos gestos nos impactan.
Muy juiciosa, seleccioné a algunos de mis referentes y les escribí, compartiéndoles lo que percibía de ellos. Uno de ellos no respondió y, de inmediato, sentí inquietud. Le envié un mensaje para confirmar si había recibido mi detalle y fue allí, en ese proceso de introspección que he aprendido a cultivar, cuando surgió la comprensión: necesitaba soltar expectativas.
Me pregunté: ¿cuánto de lo que hago está guiado por mis deseos genuinos y cuánto por lo que creo que debería ser?
Manifestar mi sentir hacia él ya había sido un acto de valentía y reconocimiento, y eso por sí solo era suficiente. Mientras observaba mis razones para expresarme, descubrí que tomarme el tiempo para escribir, elegir las palabras y entregar mi mensaje yo misma era un gesto que no solo reconocía al otro, sino que también me permitía ser coherente con lo que sentía.
En cada decisión que tomamos se esconden pequeñas sorpresas, pero muchas veces estamos tan expectantes a lo que creemos que debería ser, que no las percibimos.
Es importante aprender a reconocer cuando esas expectativas nos generan ansiedad o sensación de insuficiencia. Al soltar expectativas nos abrimos a ver posibilidades que antes no veíamos.
Al final, mi confirmación me dejó ver que mi referente no había recibido el detalle. Ese pequeño hecho, desconocido, me abrió la puerta a un conocimiento profundo de mí misma. Descubrí que la verdadera importancia estaba en mi decisión de expresar lo que sentía: un regalo, no por si él lo recibía, sino por atreverme a dar ese paso. Porque cuando decimos lo que sentimos, ya estamos conectando con nuestra verdad, y eso se siente bien.
Escribir lo que esperas y luego cuestionarlo: ¿es real, necesario, mío?
Porque al final lo importante es desde dónde expresas lo que sientes, viene desde tu autenticidad o desde la necesidad de hacer ruido.
Una práctica que recomiendo no saltarte en tu vida, es cultivar tu paz interior sin importar las turbulencias externas. Hazlo a ver qué pasa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario