¡Qué bueno que lo hice!

Elegir hacer, crear y sostener a diario lo que a mí me llena. Tiene belleza en sí misma, encuentro en mi propia elección, un poder interno que no necesita explicación. Lo hice y ya.

Cuántas veces decidimos emprender algo y el solo hecho de dar el primer paso ya es suficiente, porque lo hemos postergado o porque es un capitulo importante en esa meta que nos hemos trazado. No se trata de mirar los resultados; es la celebración del coraje, del umbral del dolor que decidimos pasar justo ahí; en ese segundo, la euforia de ese instante.

Hay un proceso de aprendizaje que para mí ha sido muy contemplativo y es aprender a nadar, cada vez que me atrevo a dejarme ver mientras no me sale bien la técnica, me celebro ¡qué bueno que vine! ¡qué bueno que lo hice!

Elegir una y otra vez algo que no siempre sale como “debería” requiere más valentía que esperar a que sea perfecto. Y se vuelve todavía más complejo cuando la referencia deja de ser interna y pasa a ser la mirada externa, esa que compara, clasifica y mide desde parámetros que ni siquiera son propios.

Y justo ahí está mi llamado, que tus propias elecciones te sean suficientes. Hay una frase que dice “cuando el zapato aprieta solo lo sientes tú”. Y yo digo: el cincel que esculpe tu propia grandeza lo llevas tú, es en tu corazón donde late cada suspiro y cada aliento que te recuerda: estoy viva.

La aprobación la tienes tú. Si eso te nutre, te transforma, te brota una sonrisa y revela tu belleza, no lo cuestiones. Siéntete gratificado por hacerlo.

¿Qué me llena?  ¿qué me mueve?

💙Para definir lo que es importante para mí, lo vinculo a un estado interno:

 💚Satisfecha (Esto lo elegí hacer)

 💛Saca algo de mí (Creación, escucha, retroalimentación, paz, aprendizaje)

 💓Me hace sentir a gusto (Feliz, lo quiero repetir, enfocada)

💝Exige un poco más de lo habitual (lo vuelvo a elegir incluso aunque me incomode un poco, me rete)

El "qué bueno que lo hice" llega cuando nuestras elecciones nacen de un querer genuino, de un deseo interno. Es ahí donde aparece la verdadera autonomía: cuando no elegimos para cumplir, sino para escucharnos.

Yo también estoy en ese aprendizaje: escucharme  y a compartir lo que me mueve de verdad. El autoconocimiento, el acompañar, desde la escritura, eso que siento

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