Tengo una persona en mi vida que me ha hecho de espejo y en algunas heridas emociónales me ha invitado a sanar sin siquiera proponérselo, de hecho, ni siquiera sabe lo que produce en mí. (Estoy hablando desde la revelación interna del alma).
Hace poco me vino a la mente este pensamiento: detenerme a mirar esos gestos de las personas que me hacen feliz. Me estaba preguntando: porque esta persona tiene tanta presencia sanadora en mí.
¿Tú ya te detuviste a mirar lo lindo que alguien hizo por ti hoy, sin pedírselo?
No lo hacemos muy a menudo, cierto. Cuando nos hacen un favor puntual agradecemos, pero; te ha pasado que llegas a un lugar y mientras ingresas te están esperando con una sonrisa, y una actitud de me agrada que estes aquí. O gritan tu nombre con una alegría, que tú sonríes.
Yo me he sorprendido con esa emoción y no sé cómo reaccionar en ese momento, ¡ay! ¿Qué hago? ¿Qué digo? Y lo más genuinos es sonreír. De hecho, siento que no sé recibir esa atención muchas veces.
y sí desde hoy empezamos a observar esas acciones, cómo me mira, cómo se inclina para escucharme, a estar presentes en cada momento. Y decir: me encanta cuando me sonríes así, me siento escuchada cuando me dejas hablar, disfruto que me hagas preguntas mientras te cuento algo. En esos segundos, uno entiende que hay gestos que abrazan más que los brazos.
¿qué dar al otro por su belleza?
A veces creemos que para demostrar afecto o gratitud necesitamos grandes palabras o regalos costosos. Pero ¿y si lo verdaderamente valioso estuviera en lo pequeño, en lo casi invisible, en lo que a simple vista podría parecer “sin importancia”?
Es tan rica una sonrisa que el mejor ejemplo es cuando vamos a un almacén y nos atienden con amabilidad. Esa sensación es oro puro. Y si un día me atrevo a decirle: me gusta venir aquí porque me siento vista.
Hay gestos que pasan desapercibidos. Una forma de mirar, una palabra dicha sin saber que resonó. Y, sin embargo, cuando alguien nos dice: “Eso que hiciste… me gustó. Me hizo bien.” Algo se transforma.
Nombrar lo que nos conmueve
Cuando le decimos a alguien que su gesto nos hizo feliz, le estamos regalando una certeza. Una prueba de que su presencia es suave, deja huella, toca.
Ritual para hoy
- Piensa en alguien que haya tenido un gesto bonito esta semana.
- Recuerda cómo te hizo sentir.
- Díselo en voz baja: “Eso que hiciste me gustó. Me hizo feliz.”
- No tienes que explicar luego nada. Un quería decírtelo es suficiente.
Me permito decir lo que me hace bien, aunque sea pequeño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario