LAS CANCIONES QUE ME HAN RESONADO EN CADA PROCESO DE VIDA

Yo soy una persona musical💫 más que géneros favoritos, tengo canciones que me encantan y que dedico días a cantar. 

La música ha sido parte de mi crecimiento personal no solo tengo una canción de vida, si no que a veces me encuentro con letras que resuenan con el proceso que estoy viviendo, me ayudan a reafirmar un propósito de sanación. O son un recordatorio de las palabras que necesito escuchar en el momento.

Siempre he creído que cuando no tengo las respuestas para resolver un desafío, estar atenta a lo que escucho, lo que leo y a las conversaciones de otros o con ellos, me da luces para saber cómo iniciar a trabajarme, o me dan una idea que yo no había contemplado. Te cuento algunas canciones que inspiran mi vida

 

Cuando la tristeza me visitaba.

 

En los episodios de tristeza yo lloraba muy a menudo y hubo una canción que me acompañó se llama “Necesito Llorar” te dejo el enlace aquí.

Escucha "necesito Llorar" 

Esta canción me permitió desahogarme mientras la tarareaba, me daba el permiso para que mis ojitos llovieran sin tener que entender lo que estaba enfrentando, me daba la posibilidad de reconocer que tenía miedo y además sentía que pedía protección interna.

 

La canción “resistiré “fue mi ancla cuando los terrores nocturnos me acechaban.

 

En mis ataques de terror nocturno descubrí dos canciones y hoy te hablaré de una que fue un ancla emocional para mí “Resistiré” esta me daba fortaleza con las frases:

Resistiré erguido frente a todo
me volveré de hierro para endurecer la piel
y aunque los vientos de la vida soplen fuerte
soy como el junco que se dobla
pero siempre sigue en pie”

 

“Soportaré los golpes y jamás me rendiré
y aunque los sueños se me rompan en pedazos
resistiré, resistiré”

 

Estas frases fueron mantras para mí, que me daban un coraje interno para encontrar una forma de lidiar con mi propia oscuridad. 

Te dejo aquí "Resitiré" 

 

Reafirmación de mis sueños, creer en lo que me mueve.

Un día el algoritmo de You Tube me mostró esta canción “Haz lo que amas” y sentí que me daba respuestas a una pregunta que yo me estaba haciendo. Frases como estas me resonaron profundamente. 

 

“Los minutos vuelan y el tiempo se va, vive a tu ritmo sin miedo al que dirán”💛💛

“Tu esencia brilla como un cristal, hazlo a tu manera que eso es genial”

 “Haz lo que amas, aunque nadie lo entienda, escribe historias que enciendan el alma, ríe en voz alta, baila bajo la lluvia. Que la vida es tuya”

 

Cuando pienso en mis procesos, me doy cuenta de que siempre hubo melodías que aparecieron justo cuando más las necesitaba. A veces eran letras que me daban fuerza, otras veces ritmos que me recordaban que podía bailar incluso en medio del caos, y en algunos momentos eran notas que me daban alegría interior, me hacían bailar y sonreír.

 

Quizás cuando las escuches no sientas lo mismo que yo, quizás no sean tan musical como yo. Pero, hasta una canción puede transformarnos, si estamos abiertos a escucharla.

 

 Te invito a preguntarte:


¿Cuáles son las canciones que han resonado en ti, que te han sostenido, que han puesto palabras a lo que no sabías decir?

 

Mi playlist del alma sigue creciendo, ¿y la tuya?

 

 No olvides dejarme un comentario con tus canciones favoritas o si escuchaste las mías.

 

 

 

 

 

PAUSAS CONSCIENTES: APRENDE A ESTAR CONTIGO SIN MIEDO A LA SOLEDAD.

 Hoy quiero invitarte a algo simple pero poderoso: hacer una pausa consciente. No importa si es con un té en la tarde, un desayuno con presencia o cinco minutos mirando por la ventana, lo importante es que vuelvas a ti.


Una de las cosas que hoy nos abruma un poco y me incluyo, es el sentirnos solas, queremos ser escuchadas y entendidas, pero no encontramos el espacio ni las personas para hacerlo. 


¿Alguna vez te has sentido rodeada de gente, pero sola por dentro? Hubo un momento de mi vida que me sentí así, me sentía vacía, no veía reciprocidad en mis relaciones. Cuando quería ser vulnerable y expresar lo que verdaderamente sentía. 
Y es que a veces ese reconocimiento de lo que estamos afrontando sea algo bueno o traumático, no es bien entendido, eres un pesimista o eres un egocéntrico. Si te muestras optimista, seguro o feliz algunas personas se abruman y les fastidia.  y si es un episodio de afrontamiento interno, aún más: eres un quejumbroso.

Escribir: mi refugio personal💫


Me refugié en la escritura reflexiva, pero también en tener hobbies que me dieran felicidad, me enfoqué en aprender temas de interés y en moverme con el ejercicio. Esta decisión me hacía sentir bien con mi propia compañía, me sentía valiente de elegirme y prestarme atención, aunque otros no quisieran escuchar lo que yo tenía que decir. Escribir me permitía hablar sin temor, soltar todo lo que sentía sin guardarme nada, mis cuadernos eran míos y nadie tenía acceso a ellos. De hecho, creo que quien lea nuestras líneas sin permiso está irrespetando nuestra privacidad.


Hoy me sigo tomando muchas pausas para escribir, no solo mis miedos internos, sino también sueños, listas de hobbies, cómo quiero afrontar lo que me abruma, cómo quiero responder a lo que me duele y cómo quiero afrontar el rechazo. 

Aprender a ser tu propia ancla💛

 

Sí, ese miedo a ser rechazada es lo que me hacía doler del otro. No es su indiferencia o la no escucha. Si no mi yo lleno de expectativas, mi yo sin límites, mi yo herido.  Y justo ahí una voz interior me dijo: debes aprender a ser tu propia ancla y decidir qué te afecta.

Y cuando te acostumbras a pausar para escucharte, te estas dando el permiso de volver a ti, de reconectar contigo. Siempre que pienso en ponerme de primero me anclo con la metáfora de un avión en emergencia, “siempre póngase usted a salvo y luego ayude a su compañero.” Cuando aprendes a estar contigo, ninguna soledad pesa

Para mí una pausa es escribir, ir a nadar, ejercitarme, tomarme un té. Para ti puede ser cualquier otra cosa que te permita sentirte feliz contigo, desde luego nada que dañe tu ser. Por ejemplo; tumbarte en el sillón, escuchar música, acariciar a tu mascota, estar simplemente presente. Porque es justo eso, aprender a estar con nosotros en eso que elegimos en ese momento y disfrutar nuestro silencio interior.

Esta invitación es de bienestar emocional, de encontrar en ti misma lo que te sostiene. Quizás al principio no sepas cómo anclarte, pero al escucharte descubrirás que lo que te mueve dentro empezará a hablar por ti. Solo empieza hoy a hablar contigo.


HABLAR CON MIEDO TAMBIÉN ES HABLAR

Hace días quiero hablar en público y no lo hago. Me he incumplido tantas veces esta promesa… Y sí, tengo un emprendimiento, y sé que en redes toca mostrarse porque eso es parte de generar confianza con la gente que nos escucha. Lo curioso es que ya tengo guiones, tengo los temas listos, y aun así me cuesta fluir frente a la cámara. Entonces me detuve y me pregunté: 

¿a qué le tengo miedo de verdad? Varías respuestas llegaron:


– Hablo mucho y no sé sintetizar.
– ¿Y si digo algo y nadie me escucha?
– ¿Y si lo que comparto no es importante?
– ¿Y si las personas no reaccionan como espero?

 

Me di cuenta de que comunicarme no me estaba limitando por falta de capacidad, sino porque estaba pensando demasiado en lo externo: en cómo iban a reaccionar, en lo que podían opinar, en si era suficiente.

Pero ¿qué pasa si en vez de eso me enfoco en mi mensaje? ¿Qué pasa si hablo desde el mismo miedo que siento, desde la honestidad de admitir que me cuesta?

Quizá ahí está la respuesta: no necesito hablar perfecta, necesito hablar real. Si soy auténtica, si me permito ser vulnerable y decir “sí, me cuesta, pero aquí estoy”, entonces lo que transmito no se trata solo de información, sino de conexión.

El miedo sigue ahí, claro, pero se transforma. Ya no es un obstáculo, sino un recordatorio de que lo que voy a decir importa, al menos para mí, y eso ya es suficiente para empezar.

 

Sé que no soy la única a la que le ha pasado esto. Y quiero decirte algo: reafirmarte es la cuestión. Un día, hablando con Rumi —el poeta místico sufí, lo imaginé diciéndome: “Crea frases y acciones ancla que te ayuden a vencer tu propio miedo.”

 

Entonces he empezado a transformar mis pensamientos:


– En vez de decir “me da miedo hablar en público”, digo: “estoy aprendiendo a hablar en público.”
– En vez de pensar “lo que tengo que decir no es importante”, me repito: “lo que tengo que decir es valioso, es real, me pasó a mí.”
– En vez de creer “nadie reaccionará a mis palabras”, afirmo: “lo que comparto puede servirle a alguien, aunque yo no lo sepa.”

 

Práctico mi miedo

Y últimamente, cuando voy a espacios de fortalecimiento emprendedor y de mentorías, tomo la palabra. Los que están ahí no saben que yo estoy practicando mi miedo, pero yo sí sé por qué lo hago. Hablo, aunque me tiemble algo por dentro, porque me reafirmo en el acto mismo de atreverme.

 

Después, cuando llego a casa, me detengo a observar: ¿qué sentí? ¿qué emoción apareció? ¿cómo fue mi tono? ¿cómo me miraron? ¿qué sentí cuando alguien me respondió o cuando tuve la sensación de no ser escuchada.

 

Además, cuando alguien más habla, yo muestro interés, sonrío, reafirmo y busco conexión. Porque al final, a mí también me gustaría que me sostengan igual cuando hablo. Y ahí entendí algo: hablar en público no es solo poner la voz afuera, también es aprender a sostenernos mutuamente con respeto y presencia.

 

Ese ejercicio me permite aprender de cada experiencia y darme cuenta de que no estoy huyendo del miedo, sino caminando con él. Y en ese camino, mi voz se fortalece.

 

Este mensaje no es para decir que ya hablo en cámaras, apenas estoy empezando, sino para reafirmar mi propósito y recordarme por qué lo hago. Lo comparto también para ti, para que nos acompañemos en el camino, porque sé lo difícil que es mostrarse y a la vez lo poderoso que resulta cuando damos ese paso.

 

¿Te animas a dar ese primer paso conmigo? Caminemos juntas en este proceso de vencer el miedo y mostrarnos tal cual somos.

 

EL VALOR DE LOS PEQUEÑOS GESTOS.

Tengo una persona en mi vida que me ha hecho de espejo y en algunas heridas emociónales me ha invitado a sanar sin siquiera proponérselo, de hecho, ni siquiera sabe lo que produce en mí. (Estoy hablando desde la revelación interna del alma).

Hace poco me vino a la mente este pensamiento: detenerme a mirar esos gestos de las personas que me hacen feliz. Me estaba preguntando:  porque esta persona tiene tanta presencia sanadora en mí.

 

¿Tú ya te detuviste a mirar lo lindo que alguien hizo por ti hoy, sin pedírselo? 

 No lo hacemos muy a menudo, cierto. Cuando nos hacen un favor puntual agradecemos, pero; te ha pasado que llegas a un lugar y mientras ingresas te están esperando con una sonrisa, y una actitud de me agrada que estes aquí. O gritan tu nombre con una alegría, que tú sonríes.

 

Yo me he sorprendido con esa emoción y no sé cómo reaccionar en ese momento, ¡ay! ¿Qué hago? ¿Qué digo? Y lo más genuinos es sonreír. De hecho, siento que no sé recibir esa atención muchas veces.

 

y sí desde hoy empezamos a observar esas acciones, cómo me mira, cómo se inclina para escucharme, a estar presentes en cada momento. Y decir: me encanta cuando me sonríes así, me siento escuchada cuando me dejas hablar, disfruto que me hagas preguntas mientras te cuento algo. En esos segundos, uno entiende que hay gestos que abrazan más que los brazos.

 ¿qué dar al otro por su belleza?

A veces creemos que para demostrar afecto o gratitud necesitamos grandes palabras o regalos costosos. Pero ¿y si lo verdaderamente valioso estuviera en lo pequeño, en lo casi invisible, en lo que a simple vista podría parecer “sin importancia”?

 

Es tan rica una sonrisa que el mejor ejemplo es cuando vamos a un almacén y nos atienden con amabilidad. Esa sensación es oro puro. Y si un día me atrevo a decirle: me gusta venir aquí porque me siento vista.

 

Hay gestos que pasan desapercibidos. Una forma de mirar, una palabra dicha sin saber que resonó. Y, sin embargo, cuando alguien nos dice: “Eso que hiciste… me gustó. Me hizo bien.” Algo se transforma.

  

Nombrar lo que nos conmueve

Cuando le decimos a alguien que su gesto nos hizo feliz, le estamos regalando una certeza. Una prueba de que su presencia es suave, deja huella, toca.

 

Ritual para hoy

  • Piensa en alguien que haya tenido un gesto bonito esta semana.
  • Recuerda cómo te hizo sentir.
  • Díselo en voz baja: “Eso que hiciste me gustó. Me hizo feliz.”
  • No tienes que explicar luego nada. Un quería decírtelo es suficiente.

 

Me permito decir lo que me hace bien, aunque sea pequeño.