CIERRE DE AÑO: LO QUE NADIE DICE

 Este año me enseñó que no todo se mide en logros o sonrisas. A veces, un abrazo esperado duele. A veces, estar cerca de quienes deberían sostenerte deja un vacío profundo.

Las reuniones familiares fueron espejos: emociones escondidas, heridas silenciosas, relaciones que no siempre son recíprocas. Ese dolor es real. Hablar de él no me hace débil, me hace humana.

Me pregunto: ¿qué palabras del otro quedaron resonando dentro de mí? ¿Qué temor despertaron, qué parte de mí lastimaron? Cada sensación incómoda, cada recuerdo de lo que dolió, me enseñó a mirar con honestidad lo que siento.

Pero no todo es dolor. También hay egos, expectativas, comparaciones y defensas. A veces nos hiere lo que sentimos del otro, otras veces nos hiere lo que nuestro propio ego no quiere aceptar: la vulnerabilidad, la sensación de no ser suficientes, la frustración de ver lo que no podemos controlar. 

Reconocer tanto el dolor como el ego nos permite mirar con honestidad lo que realmente nos mueve y cómo queremos responder.

 

Sentirse no querido duele. Incluso cuando tratamos de hablar con amor, nuestra energía revela lo que realmente sentimos; se percibe la incomodidad, lo que no es sincero, y el cuerpo lo capta. Reconocerlo me ayudó a aceptar que algunas relaciones no me sostienen y que eso no disminuye mi valor ni mi capacidad de amar.

Así como me duele la indiferencia de otros, mi propia distancia también puede doler. Las relaciones son espejos: reflejan lo que sentimos y lo que callamos deja huella. Reconocerlo no es culpa, es conciencia.

Algunos se acostumbran a hablar con tiranía, a compararnos y a creerse superiores por logros. Pero, ¿alguien se ha preguntado cuál es la visión de cada uno? ¿Cómo vive su mundo, cómo sueña, desde qué propósito se mueve?

 

Tal vez no hay culpa, sino oportunidades de aprendizaje. Tal vez es de lo que dejamos pasar, de los límites que no pusimos, de los patrones heredados. Este año me hizo mirar quién soy de verdad, qué impacto tengo en los demás y cómo el amor que doy refleja lo que atraigo. Me pregunto: ¿lo que estoy generando está creando distancia o cercanía? 

 

Este cuestionamiento me permite actuar con conciencia, decidir mis límites y elegir dónde poner mi energía.

Aunque duela, aprendí a dejar al otro a su manera. Separar mi espacio es un acto de amor propio. Nos permite existir sin invadir y cuidar nuestras palabras y actos.

 

Mucho del dolor que sentimos no se expresa, y esos hilos invisibles de amor siguen ahí, silenciosos. Resurgen en un gesto, un detalle, un acto que puede alegrar al otro. Mantienen viva la conexión.

 

Tuve un encuentro familiar que inicialmente me generó resistencia. Sentí coraje, resentimiento y felicidad; sentí una mezcla de emociones. Pero me permití enfrentarlo, sentirlo, vivirlo y, al mismo tiempo, dirigirlo con conciencia. Me di permiso para nombrar lo que siento, para mirar mis dolores de frente.

Creo que este espacio ha sido un privilegio. Mirarlo así me permite recordar que cada persona, en su interior, carga algo que le duele. Entenderlo no justifica lo que hiere, pero abre la puerta a la compasión y me ayuda a no tomarlo todo como algo personal.

 

Poco se valora el coraje de reunirse, incluso con todas las heridas propias y ajenas. Hay quienes ni siquiera se lo permiten. Hacerlo es un gran regalo: un acto de amor hacia ti mismo y hacia el otro.

 

Y este ha sido mi mayor regalo este año, mi gran privilegio: permitirme mirar, sentir y enlazarme, incluso con todas las heridas, con honestidad y amor. Reconocerlo es un acto de cuidado propio y de conexión profunda con los demás.

 

Sentir es vivir. Vivir es permitirse ser auténtica. Y eso es lo más valioso que puedo llevarme de este año.


MÁS ALLÁ DE LA RESPUESTA: APRENDER A DAR SIN ESPERAR

Esta sensación de empezar a soltar expectativas surgió de una dinámica que decidí hacer conmigo misma. Había leído en un libro sobre la importancia de tener referentes personales, pero también de observar los pequeños detalles de quienes nos rodean y cómo esos gestos nos impactan.

 

Muy juiciosa, seleccioné a algunos de mis referentes y les escribí, compartiéndoles lo que percibía de ellos. Uno de ellos no respondió y, de inmediato, sentí inquietud. Le envié un mensaje para confirmar si había recibido mi detalle y fue allí, en ese proceso de introspección que he aprendido a cultivar, cuando surgió la comprensión: necesitaba soltar expectativas.

 

Me pregunté: ¿cuánto de lo que hago está guiado por mis deseos genuinos y cuánto por lo que creo que debería ser? 

Manifestar mi sentir hacia él ya había sido un acto de valentía y reconocimiento, y eso por sí solo era suficiente. Mientras observaba mis razones para expresarme, descubrí que tomarme el tiempo para escribir, elegir las palabras y entregar mi mensaje yo misma era un gesto que no solo reconocía al otro, sino que también me permitía ser coherente con lo que sentía.

En cada decisión que tomamos se esconden pequeñas sorpresas, pero muchas veces estamos tan expectantes a lo que creemos que debería ser, que no las percibimos.

Es importante aprender a reconocer cuando esas expectativas nos generan ansiedad o sensación de insuficiencia. Al soltar expectativas nos abrimos a ver posibilidades que antes no veíamos.

 

Al final, mi confirmación me dejó ver que mi referente no había recibido el detalle. Ese pequeño hecho, desconocido, me abrió la puerta a un conocimiento profundo de mí misma. Descubrí que la verdadera importancia estaba en mi decisión de expresar lo que sentía: un regalo, no por si él lo recibía, sino por atreverme a dar ese paso. Porque cuando decimos lo que sentimos, ya estamos conectando con nuestra verdad, y eso se siente bien.

 

Escribir lo que esperas y luego cuestionarlo: ¿es real, necesario, mío?

Porque al final lo importante es desde dónde expresas lo que sientes, viene desde tu autenticidad o desde la necesidad de hacer ruido. 

 

Una práctica que recomiendo no saltarte en tu vida, es cultivar tu paz interior sin importar las turbulencias externas.  Hazlo a ver qué pasa.

CÓMO APRENDER A SER UNA REALIZADORA DE TUS SUEÑOS

Hay una frase que siempre me acompaña, me da la confianza en lo que estoy construyendo.


“Soy una realizadora de mis sueños.”

Esa frase viene de una intuición: una certeza interna que he venido construyendo paso a paso.

Porque sí, a veces me disperso, no acciono, las cosas no funcionan y me pierdo un poquito.
Pero, aun así, dentro de mí aparece esa voz tranquila que dice:
“Lo vas a lograr. No sé cómo todavía, pero lo vas a lograr. Estás trabajando por ello.”

Y esa frase es un empujoncito extra.

La fuerza empieza en el ser, no en el hacer

Mi curiosidad es hacia adentro:
La fortaleza no nace en la acción.
Nace en el ser.

Para no tambalearme, necesito empezar por dentro:
construir confianza, serenidad, claridad.


Fortalecer esa parte mía que observa, que intuye, que se habla bonito, que sabe quién es, aunque el camino esté movedizo.

Porque antes de ser profesional, antes de ser emprendedora, antes de los roles y los títulos… estoy yo.
Y si yo no estoy sólida por dentro, nada afuera se sostiene.

Lo que construyo internamente se refleja en lo que creo externamente.
Por eso me trabajo: para ser alguien capaz de sostener lo que sueña.

Y cuando el ser se ordena… aparecen las acciones

Es curioso, pero cuando entro en ese estado de certeza, de calma y de confianza interna, todo empieza a moverse con más sentido. Dicen que cuando el discípulo está listo empiezan a aparecer maestros.

Me sorprendo preguntándome:
“¿Cómo puedo accionar mejor? ¿Qué es lo que realmente me sirve? ¿Qué debo soltar?”

Y ahí, paso a paso, la pirámide se va construyendo.
No se levanta con prisa.
Se levanta con inteligencia emocional, con sistemas de acción diaria, con decisiones serenas.

Prepararse para el éxito también es parte del camino

Hay algo más que he comprendido:
saber sostenerse por dentro también es prepararse para el éxito.

Porque el éxito no solo es acción.
El éxito exige capacidad interna:
para recibirlo sin miedo,
para administrarlo con sabiduría,
para crecer sin perderme a mí misma.


Quiero un éxito que pueda habitar, disfrutar, expandir.
Uno que llegue y me encuentre lista, estable y en paz. Y así también quiero que me encuentre el amor.

Por eso escribo esto hoy.
Porque mi trabajo de adentro—mi silencio, mi claridad, mis abandonos—es parte del proceso de realización.

Hoy me nombro así, sin duda: realizadora de mis sueños

Y lo digo desde la calma.
Desde la experiencia.
Desde esa mezcla de sensibilidad y firmeza que me habita.

Sé que lo voy a lograr.
Sé que estoy creando, aunque a veces me frene.
Sé que cada capa de mi ser está aprendiendo a sostener lo que viene.

Soy una realizadora de mis sueños.
Hoy te la regalo a ti, llévala contigo.

Únete a esta comunidad que crece desde adentro. Gracias por leerme.

 

LA RELACIÓN MÁS LARGA DE TU VIDA: CONTIGO MISMA

 

Hoy leí una frase que me sacudió “La relación más larga de tu vida es contigo misma” y wao ¿cómo llevo esa relación conmigo misma?

Me quedé un rato en silencio, no sabía cómo abordar tanta verdad, esas palabras me estremecieron y podía verlas desde diferentes ángulos:

¿Cómo me trato?

¿Soy ese tipo de persona que yo elegiría?

¿me gusta cómo me he comportado conmigo en esta vida?

Y al final, sentí que lo importante es cómo me he relacionado conmigo, cómo me llevado con lo que soy, con lo que siento, con lo que imagino para mi vida.

Porque si soy mi relación más importante, lo que importa es cómo me veo yo. Con los años esa mirada a evolucionado, esa relación mejoró cuando empecé a dejar atrás el rechazo, la autocrítica y le di permiso a mi caos interno.  

 

Este día me marcó

Recuerdo mucho este día, me sentía triste, mi vida no tenía dirección y el temor a estar dando vueltas sin rumbo me invadía. Ese día me tumbe en la cama. Literal.  Y dije: voy a dejar de resistirme, si quieres sentirte triste “Lili”, siente tu tristeza. Vive esa emoción.

Los primeros minutos mis ojitos no pararon de llover, al rato empecé a conectar con mi voz interna, me di interés propio. Me paré y escribí, nombré mis tristezas.

Por primera vez no me obligue a sonreír, no puse música para animarme.

Siento que ese día empecé a mejorar mi relación conmigo misma, se volvió una prioridad tratarme como alguien, que merece amor, respeto y cuidado. Sanarte empieza el día en que decides dejar de huir de ti.

No necesitas ser fuerte todo el tiempo lo que necesitas es no huir de ti. Te desafias al empezar autoconocerte

 

Lo que hoy veo

Hoy veo una mujer que se pone como prioridad, que se escucha, que se permite los silencios, que ya no lucha tanto por encajar y respeta sus procesos de aprendizaje.

Cómo lo he logrado. Mi conversación interna es a través de la escritura, me detengo frente a una libreta y dejo que mi ser interior se exprese. También creo frases y mantras que utilizo como anclas emocionales, los repito a diario para recordarle a mi mente en qué estoy trabajando.

Cada vez que me siento achicopalada me pregunto ¿Qué estoy negando que ya florece em mí? ¿esto realmente no lo sé hacer, o no estoy creyendo en mí?

¿Qué parte de mí está pidiendo ser escuchada? ¿Qué puedo hacer para acompañarme mejor hoy?

Quiero que saques tus propias conclusiones. En una charla un expositor dijo: es tan lindo ver como evoluciona una persona en sus redes sociales, como sus videos van mejorando, como su voz cambia, como su mensaje se pule. Y creo que es la metáfora más hermosa para decir que tu vida es un proceso, abrázalo.

 

Tu vida no está quieta, está tomando forma. 

 

Si esta reflexión te gustó compártela  con alguien que quieres que florezca como tú.  

 

¿Frustración momentánea o desgaste constante?

La natación a puesto a prueba mi paciencia y resiliencia. Siempre elijo ir a clases y si dieran un premio por no faltar me lo ganaría indudablemente.

Pero también he tenido días de mucha frustración. Días en los que siento que practico, escucho, corrijo, y aun así no avanzo como quisiera. Días en lo que un estilo me sale bien y a los ocho días todo fatal. Ese sentimiento de “estoy retrocediendo.” Trato de enfocar mi mente, y sin embargo el progreso parece invisible.

 

Y ahí aparece esa sensación de dolor, la de darlo todo y no ver resultados. Estoy haciendo algo mal o necesito darme más tiempo. Me he preguntado, tantas veces.

 

Si has avanzado solo que a veces el sentido de perfección nos gana.

 

Vi un video que me inspiró a escribir este artículo, decía: si sientes que has dado todo y las cosas no han salido bien, no te aferres a ese resultado, deja que las cosas se vayan revelando por si solas, no poner nuestra energía en preocuparnos y cuándo lo notaré, tu solamente sigue haciéndolo.

El valor más grande que podemos tener es seguirlo intentado y darnos el permiso de que nos vean fallar. Imagina que estás bailando en la multitud sin ritmo, sin pasos perfectos, pero disfrutando cada movimiento, sintiendo la música a tu manera.

 

Que regalo más precioso es olvidarte de las miradas y concentrarte en ti, en el deleite de hacer algo que te nace, algo que simplemente elegiste hacer, aunque aún no salga perfecto.

 

Siempre he dicho que en la vida lo bello es atreverse y sorprenderse de lo que podemos lograr, hay tareas que se nos dan natural, otras como por ejemplo mi nado que requieren un poco más de práctica.

 

La certeza interna.

 

Tengo la sensación de que un día, el menos esperado entraré en la piscina y mi cuerpo sabrá nadar. Fluirá en el agua sin pensarlo tanto y ahí sonreiré, porque dentro de mi siempre supe que ese momento llegaría.

 

La certeza interna es lo que nos permite seguir avanzando, eligiéndonos a nosotros mismos cada día. Es ese susurro interno que nos dice, sigue confía en tu camino, porque todo lo que haces hoy está construyendo a la persona y la vida que deseas mañana. 

 

 Esta sensación de darlo todo no solo me ha pasado en el agua; en mis relaciones también, cuando me entregaba tanto que empezaba perderme. Un día entendí que necesitaba poner un alto en el camino, no por rendirme si no para volver a mí.

 

En mi emprendimiento a veces me pasa lo mismo, hago, intento, me exijo, y cuando no fluye, me siento frente a mí misma. Y ahí en silencio, descubro que mi espíritu sigue en movimiento, en modo creación, buscado la manera de hacerlo mejor.

 

He aprendido que detenerse no es retroceder,
es recordar desde dónde quiero avanzar.

 

El aprendizaje de todo esto es dejarme fluir desde mi esencia, sin exigirme llegar rápido y que todo lo que tenga que ser encuentre su propio curso.

 

Si tú en este momento estás sintiendo que das y no se ve materializado , revisa cómo te sientes contigo misma, cuando hacemos lo que elegimos hacer desde el corazón, la frustración es momentánea, pero cuando ese hacer viene de otro lado el desgaste es constante.

 

Escribe sí me he sentido frustrada en los comentarios. La frustración es parte del proceso, pero que te encuentre caminando.