Parece sencillo decir "confronta tus temores". Algunos miedos los superamos con relativa facilidad, como los que surgen antes de emprender algo nuevo o los que sentimos mientras esperamos un resultado que nos emociona. Sin embargo, existen miedos más profundos, aquellos que parecen trascender el ámbito físico y se sienten como si provinieran de un lugar espiritual.
Durante mucho tiempo, cuando me despertaba tras un terror nocturno, sentía que estaba al borde de la locura o que algo terrible me iba a suceder. Había noches en las que estas pesadillas me envolvían y, aunque las personas a mi alrededor podían verme tranquila, no tenían idea del tormento que estaba viviendo en mis momentos más oscuros.
Un día, decidí enfrentar esas energías que me visitaban durante la noche. Me estaban robando la tranquilidad y deteriorando mi salud debido a la falta de sueño. No suelo hablar de estas experiencias porque, para muchos, son difíciles de comprender. Para mí, incluso ahora, no siempre es fácil entender lo que viví; siento que fue real y profundo.
Una noche, mientras dormía, sentí que la puerta se abría como si un viento la empujara. Luego, una energía parecía subir por mis piernas, provocándome un escalofrío que me erizaba la piel. Recuerdo claramente esas sensaciones, y aún hoy me estremezco al recordarlas. Esto se repitió noche tras noche, y jamás conté a nadie lo que estaba sucediendo.
En una de esas noches, agotada de luchar contra algo que no comprendía, me senté en medio de la cama y comencé a rezar. Me sentía exhausta y angustiada. Me preguntaba si alguien estaba tratando de hacerme daño, dudaba de ciertas personas y lloraba desconsolada. Le pedí a Dios que me ayudara, que me explicara por qué estaba pasando por esto, por qué yo estaba sufriendo tanto. Sentía un dolor inmenso y no podía dejar de llorar.
Las noches siguientes, continué orando y pidiendo ayuda. Fue entonces cuando empecé a explorar mi sabiduría interior. Empecé a enfrentar partes de mí misma que me dolían: el sentimiento de abandono, la presión de tener que hacer todo sola, la necesidad de crecer por mi cuenta y la determinación que tuve que mostrar desde pequeña.
Sentía una profunda inseguridad. Mi entorno y las personas que me rodeaban me hacían sentir abandonada y vulnerable. Comencé a trabajar en afirmaciones que me dieran el valor y la fortaleza para enfrentar mis miedos. Aunque las sombras a veces aún persisten, ya no les huyo. He comprendido que, en el mundo espiritual, coexisten energías con las nuestras, y enfrentar estas experiencias me ha permitido encontrar una mayor paz interior y coraje.
Hoy quiero decirte que, si estas afrontado un terror que no le cuentas a nadie, pide a Dios si crees en él o al universo la capacidad de afrontarlo. Ahí dentro de ti hay un oído que escucha y te guía, sé que para algunos es más fácil trabajar en nuestros temores por sí mismos. A veces la vida misma nos carga de resiliencia interior, pero si te pesa demasiado no dudes en buscar ayuda.
Doy gracias a Dios por no abandonarme, cuando más lo necesitaba y sigo dando gracias, por hacerme sentir a salvo. Hoy tengo más claridad en mis procesos internos y sé que poco a poco vamos encontrando la resiliencia para seguir adelante, nuestro mayor compromiso es alentarnos a nosotros mismos, jamás perder la fe.
Si eres cercano a mí y lees este artículo, por favor no me hables de esto, es algo que aun me cuesta asimilar. Por favor deja que mi alma se exprese en libertad, yo escribo para sanar, déjame ser. Cuando comparto mis sentimientos al mundo, es para que personas que estén padeciendo algo como esto, sepan que no están solas y deja que me sane a mí misma, tu solo sé honesto con tu aprecio hacía mí, es lo único que pido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario