Sé que muchas personas a veces nos sentimos solas😶 o hemos sentido que no somos escuchadas, sobre todo en esos momentos que queremos hablar de lo que nos duele y las emociones quieren aflorar.
A veces no sabía que me pasaba, pero sentía que necesitaba ponerlo en palabras y encontré en la escritura esa escucha, esa manera de abordar sensaciones internas que no quería compartir con los demás, que yo sentía tan mías, tan profundas que de alguna manera solo las quería lidiar por mi cuenta.
Nuestras revelaciones y desafíos internos los protegemos mucho, hacen parte de lo que catalogamos como íntimo y como tal debe ser cuidado a quien lo compartimos. No siempre callamos por miedo, a veces callamos por respeto a lo que todavía está naciendo.
Y es cierto que a veces no con todas las personas logramos esa apertura.
Existe un mito que cuando compartimos lo que nos duele, será usado para hacernos doler por ahí. Pero; eso no es por tu proceso personal, es porque quien escucha no está preparado para sostener tus verdades internas. Quizás la escritura también me enseñó eso: que a veces el silencio del otro no es rechazo, sino incapacidad de sostener lo que aún no ha aprendido a mirar.
En ocasiones no sabemos qué decir ante una turbulencia profunda del otro y es que a pesar de que yo también he sentido esa falta de escucha, me cuesta un poco escuchar y no porque no me interese, es que me acostumbré a lidiar por mi cuenta con mis dilemas internos y espero que el otro haga lo mismo.
Si tú en este momento te estas sintiendo sola, no escuchada o no quieres compartir tu trabajo interior, escribe. Sí la escritura puede convertirse en tu mayor aliada.
Lili, es que yo nunca he escrito y no se cómo hacerlo. La escritura reflexiva no requiere mas que un cuaderno y un lapicero, te recomiendo que sea un cuaderno cómodo, que a ti te guste.
¿Cuáles son los primeros pasos para empezar hablar contigo a través de la escritura?
Hoy luego de escucharme tantas veces a través de la escritura, comencé a notar algunos pasos importantes que me ayudaron a abrir ese diálogo conmigo misma.
1. Darte permiso para escucharte con amor, ese AMOR que busca revelarte y comprender.
2. Elige sostener lo que nazca dentro de ti sin juzgar
3. Escúchate como te gustaría que te escuche un buen amigo
4. Date el espacio para procesar lo que aflore en tu proceso de escritura, habrá palabras que quizá no entiendas en el momento. Y está bien, algunas palabras llegan antes que nuestra comprensión.
5. Quizás te asustes un poco al leer lo escrito, a mí me pasaba al principio: Con los días aprendí que mi oscuridad también guarda luz, solo necesitaba tiempo para verla con apertura.
6. Deja enfriar tus escritos, léelos al día siguiente o una semana después
7. Relee tus anotaciones e identifica qué partes de esa escritura te llaman la atención.
8. Escoge una acción con esas palabras que te llamaron la atención, una puede ser investigar en libros, expertos o en la web, cómo afrontarlos o preguntarte a ti misma, ¿Cómo puedo yo responder con amor a esto que estoy sintiendo? ¿Cómo puede entenderlo mejor? ¿Qué no estoy viendo y elijo darle nueva visión ahora?
9. Y cuando menos lo esperes la respuesta a tus interrogantes internos aparecerá en una palabra de alguien, en un libro, hasta en una frase que te encuentra y resuena.
¿Pero qué escribo, es qué no sé por dónde empezar?
Si no sabes por dónde empezar, está bien.
Esto es como cuando vas donde el médico y te pregunta cómo estás porqué has ido a consulta.
Imagina que tu cuaderno te recibe como un buen terapeuta o un amigo curioso, dispuesto a escucharte sin juzgar.
Te dejo lo que tu cuaderno podría decirte:
La escritura no exige perfección, solo presencia. Empieza con preguntas simples, como las que podrías hacerte frente al espejo o ante un buen amigo.
1. ¿De qué quieres qué hablemos hoy? ¿Por qué has venido?
2. ¿Cómo te sientes, qué te preocupa?
3. ¿Qué te hace feliz?
4. ¿Qué te gustaría construir cada día o en tu vida?
5. ¿En qué sueños estas trabajando hoy o que sueño te gustaría construir en 6 meses?
6. Suéltame todo lo que llevas dentro, solo escribe lo primero que se te ocurra y déjate fluir.
Y la forma en la que he aprendido a escuchar, incluso en silencio, es compartiendo esos momentos en los que la vida me ha tocado y cómo he hecho para afrontarlos.
Porque al escribir, también abrazo lo que otros sienten en silencio.
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