ELEGIRME INCLUSO CUANDO LLUEVE


Una conversación entre mi cuerpo que se mueve y mi mente que observa

Hoy amaneció lloviendo. Tenía clase de natación a las 7 a.m., y lo primero que pensé fue: ¿Y si nadie va? ¿Y si el profe cancela? ¿Y si soy la única loca que se lanza al agua con este clima?

Me quedé unos minutos en la cama, escuchando la lluvia golpear la ventana, como si cada gota quisiera convencerme de quedarme. Pero algo dentro de mí se movió. No fue una voz fuerte, ni una motivación épica. Fue más bien un susurro: “Ve. No por los demás. Por ti.”

Me puse una chaqueta grande, como si fuera una promesa. Salí. El camino estaba mojado, la lluvía persistía, pero yo iba con una determinación suave. Y mientras caminaba, apareció otra vocecita, más tímida pero punzante: “¿Y qué dirán los que me vean? Esa vieja está loca, vino a mojarse.”

Me movió un poco. Esa frase no venía de nadie en particular, pero sí de ese rincón interno que teme el juicio, que quiere encajar.  
Y sin embargo, cuando llegué y vi a los cinco  compañeros y el profe, ellos sonrieron. También mojados. También comprometidos. Y pensé: No estoy sola. Y si estoy loca, qué bendita locura esta de elegirme. 

El profe nos grabó, nos corrigió la técnica, nos miró con atención. Y yo pensé: “Qué rico que fue.” No solo por nadar, sino por haber vencido esa vocecita que quería que me quedara en casa.


 La voz que observa

Después de nadar, mientras me secaba el cabello y sentía ese calorcito de haber hecho algo por mí, apareció otra parte de mí: la psicóloga. No la profesional externa, sino la que observa con curiosidad y compasión mis propios actos. Y esto fue lo que pensé:
 

Este comportamiento revela algo profundo: la capacidad de sostener un compromiso incluso cuando las condiciones externas no son ideales. La lluvia representa la resistencia, el obstáculo simbólico. El pensamiento ‘¿y si nadie va?’ muestra la necesidad de pertenencia, de validación social. Pero al elegir ir, me conecté con una motivación más íntima: el deseo de superarme, de honrar mi proceso. 

 

La chaqueta grande no fue solo abrigo. Fue símbolo de protección emocional. Fue mi manera de decirme: ‘Estoy contigo.’ Y al final, el placer que sentí no provino solo del ejercicio físico, sino de haber sido fiel a mí misma. 

 

Este tipo de decisiones fortalecen la identidad, la autoconfianza y el sentido de propósito. Son pequeñas victorias que no se ven desde afuera, pero que transforman desde adentro.



🌱 Lo que esta mañana me enseñó

Esa mañana me enseñó que elegir lo positivo no siempre es fácil, pero sí posible. Y que esa elección puede manifestarse en muchas áreas de la vida. 

 

Hoy quiero compartirte la primera:


💧 1. En la vida emocional: elegir sentir aunque duela😳


A veces, abrir el corazón en medio de una tormenta emocional se siente igual que salir a nadar bajo la lluvia. Elegir ir al encuentro de lo que sentimos, en vez de evitarlo, es un acto de valentía. Es como decir: “Sí, estoy triste. Sí, tengo miedo. Pero aquí estoy.”

Elegir lo emocional no es debilidad. Es presencia. Es escribir en la libreta cuando duele. Es llorar sin pedir permiso. Es llamar a alguien aunque no sepamos qué decir. Es quedarnos con nosotras mismas cuando todo parece querer que huyamos.

Esa mañana me recordó que sentir también es nadar. Y que mojarme, emocionalmente, es parte de estar viva.


No sé si tú también has tenido mañanas lluviosas, externas o internas. Pero si alguna vez dudas, recuerda esto: a veces basta con ponerse la chaqueta y salir. Porque al hacerlo, te estás diciendo: “Estoy aquí. Para mí.”

 ¿Te resonó esta historia?

Compártela con alguien que necesite recordarse que también puede elegirse, incluso cuando llueve. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario