NO MINIMICES LO QUE SIENTES. HABLA DESDE TU VERDAD INTERIOR.

 

Hay una parte de mí que me gusta. Es esa que, aunque no soy una persona expresiva con palabras habladas, puede nombrar con tranquilidad mis vulnerabilidades. Puedo hablar en voz alta de mis episodios de vida, de las emociones que a veces me desbordan, sin necesidad de adornarlas.

 

En un retiro que viví este agosto de 2025, compartí que durante una noche sentí miedo. Me sentí intranquila, removida. Y mientras hablaba, escuché susurros: “A mí no me dio miedo.” Está bien que otros se hayan sentido en calma. Pero eso no invalida lo que yo viví. No tengo por qué minimizarlo. Tampoco esconderlo.

 

Justo ahí, en ese momento, entendí que expresar mi vulnerabilidad no es debilidad. Es presencia. Es decir: esto me pasa, esto no me gusta, esto no se alinea con lo que soy. Y eso necesita ser aprendido a ser sostenido. No solo por mí, sino por los espacios que habitamos. Porque cuando sostenemos lo que sentimos, sin juicio, sin prisa, sin comparación… algo se transforma.

Y vernos desde esa verdad interior, nos hace sentir tranquilos. El autoconocimiento es sentarnos a tomar un café con nosotros mismos, escucharnos sin juicio. A aprender a sostener lo que sentimos sin esconderlo, no quiere decir que todo debe ser mostrado al mundo, porque hay momentos que son tan de uno, tan profundos y sagrados que los debemos guardar.

 

Abrirse, da espacio para que otros hagan lo mismo.

Hay un momento en mi vida, en que siento que compartir mi vulnerabilidad permite que otras personas hagan lo mismo.   Cuando lo hacemos con calma, no estamos buscando consuelo. Estamos ofreciendo espacio. Y en ese espacio, otros se atreven a hacer lo mismo.

Cuando salí de mi casa para ese encuentro, me hice una promesa: voy a estar presente. Y estar presente no es solo estar físicamente. Es escuchar con atención profunda. Es observar qué palabras me hacían de espejo, en qué momentos me quebraba, con quiénes me resguardaba.

Porque a veces creemos que, si no somos elegidas, hay algo mal en nosotras. Pero no hay rechazo cuando elegimos con quién compartirnos. Hay una melodía en lo que somos, y ese tipo de música no les encanta a todos. Y está bien.

Estar presente fue también reconocer que no necesito encajar en todos los ritmos. Que mi forma de sentir, de acompañar, de nombrar lo que me pasa, tiene su propio compás. Y que cuando lo sostengo con calma, otros también se atreven a escuchar su propia música.

 

Quizás hoy no tengo respuestas, pero sí una pregunta que quiero dejarles como semilla:

¿Qué eliges cuando te acercas a una persona? ¿Qué ves en ella que te gusta? ¿Qué parte de ti se permite mostrarse auténtica en ese encuentro? ¿Y existe algún miedo que aún no te atreves a compartir con ella?

No es necesario responderla ahora. Solo dejarla reposar. Porque a veces, lo que no decimos también nos habla. Y cuando lo escuchamos con ternura, algo dentro se acomoda.

 

Que cada uno se lleve la certeza de que puede sostener ese proceso. Que no hay prisa para florecer, ni culpa por dejar caer lo que ya cumplió su ciclo. Que el amor que nos habita no necesita máscaras, solo tiempo, presencia y raíces profundas.

ELEGIRME INCLUSO CUANDO LLUEVE


Una conversación entre mi cuerpo que se mueve y mi mente que observa

Hoy amaneció lloviendo. Tenía clase de natación a las 7 a.m., y lo primero que pensé fue: ¿Y si nadie va? ¿Y si el profe cancela? ¿Y si soy la única loca que se lanza al agua con este clima?

Me quedé unos minutos en la cama, escuchando la lluvia golpear la ventana, como si cada gota quisiera convencerme de quedarme. Pero algo dentro de mí se movió. No fue una voz fuerte, ni una motivación épica. Fue más bien un susurro: “Ve. No por los demás. Por ti.”

Me puse una chaqueta grande, como si fuera una promesa. Salí. El camino estaba mojado, la lluvía persistía, pero yo iba con una determinación suave. Y mientras caminaba, apareció otra vocecita, más tímida pero punzante: “¿Y qué dirán los que me vean? Esa vieja está loca, vino a mojarse.”

Me movió un poco. Esa frase no venía de nadie en particular, pero sí de ese rincón interno que teme el juicio, que quiere encajar.  
Y sin embargo, cuando llegué y vi a los cinco  compañeros y el profe, ellos sonrieron. También mojados. También comprometidos. Y pensé: No estoy sola. Y si estoy loca, qué bendita locura esta de elegirme. 

El profe nos grabó, nos corrigió la técnica, nos miró con atención. Y yo pensé: “Qué rico que fue.” No solo por nadar, sino por haber vencido esa vocecita que quería que me quedara en casa.


 La voz que observa

Después de nadar, mientras me secaba el cabello y sentía ese calorcito de haber hecho algo por mí, apareció otra parte de mí: la psicóloga. No la profesional externa, sino la que observa con curiosidad y compasión mis propios actos. Y esto fue lo que pensé:
 

Este comportamiento revela algo profundo: la capacidad de sostener un compromiso incluso cuando las condiciones externas no son ideales. La lluvia representa la resistencia, el obstáculo simbólico. El pensamiento ‘¿y si nadie va?’ muestra la necesidad de pertenencia, de validación social. Pero al elegir ir, me conecté con una motivación más íntima: el deseo de superarme, de honrar mi proceso. 

 

La chaqueta grande no fue solo abrigo. Fue símbolo de protección emocional. Fue mi manera de decirme: ‘Estoy contigo.’ Y al final, el placer que sentí no provino solo del ejercicio físico, sino de haber sido fiel a mí misma. 

 

Este tipo de decisiones fortalecen la identidad, la autoconfianza y el sentido de propósito. Son pequeñas victorias que no se ven desde afuera, pero que transforman desde adentro.



🌱 Lo que esta mañana me enseñó

Esa mañana me enseñó que elegir lo positivo no siempre es fácil, pero sí posible. Y que esa elección puede manifestarse en muchas áreas de la vida. 

 

Hoy quiero compartirte la primera:


💧 1. En la vida emocional: elegir sentir aunque duela😳


A veces, abrir el corazón en medio de una tormenta emocional se siente igual que salir a nadar bajo la lluvia. Elegir ir al encuentro de lo que sentimos, en vez de evitarlo, es un acto de valentía. Es como decir: “Sí, estoy triste. Sí, tengo miedo. Pero aquí estoy.”

Elegir lo emocional no es debilidad. Es presencia. Es escribir en la libreta cuando duele. Es llorar sin pedir permiso. Es llamar a alguien aunque no sepamos qué decir. Es quedarnos con nosotras mismas cuando todo parece querer que huyamos.

Esa mañana me recordó que sentir también es nadar. Y que mojarme, emocionalmente, es parte de estar viva.


No sé si tú también has tenido mañanas lluviosas, externas o internas. Pero si alguna vez dudas, recuerda esto: a veces basta con ponerse la chaqueta y salir. Porque al hacerlo, te estás diciendo: “Estoy aquí. Para mí.”

 ¿Te resonó esta historia?

Compártela con alguien que necesite recordarse que también puede elegirse, incluso cuando llueve. 

DEJA DE POSTERGAR LO QUE AMAS: DESCUBRE CÓMO SENTIR Y HONRAR TU VIDA

 ¿Qué pasa en tu cuerpo y en tu mente cuando haces eso que amas?

 💛💛💛💛

Cuando pensamos en las cosas que amamos hacer, lo primero que hacemos es listarlas. Pero, hoy quiero que te preguntes qué habita en ti cada vez que te das el permiso de hacerlas.

A partir de hoy quiero que te dediques a sentir, detente a observar que es lo que eso te provoca. ¿Qué cambia en ti cuando te das permiso de hacer eso que amas? ¿Cómo respira tu cuerpo, cómo piensa tu mente?

Te plantearé algunos de esos cambios que se producen en tu interior, mientras haces lo que disfrutas hacer.

 💛El cuerpo habla cuando disfrutamos, por ejemplo, cada vez que yo estoy nadando me siento en paz, allá debajo del agua no hay preocupaciones externas. Solo pienso en sincronizar mi cuerpo con mi respiración, estoy atenta al desplazamiento de cada patada y brazada. Mi mente se relaja, es como si una felicidad interior me invadiera.

Observar esas señales nos ayuda a reconocer las actividades que son verdaderamente nutritivas y algo más valioso, nos ayuda a sobrellevar el proceso, porque, aunque los resultados son importantes, disfrutarlo lo, es aún más. El cuerpo siente que le produce armonía interior.

 

💜 Los pensamientos se transforman, imagina que te gusta hacer artesanías, o quizás pintar. Cuando estás sumergido en esa actividad tu mente se apacigua, entras en un estado de flow, el tiempo suele desvanecerse y no lo sientes.

 

Tus pensamientos rumiantes se aquietan. Allí, nos damos cuenta lo importante que es permitirnos ser.

Muchas veces me ha pasado que mientras hago una actividad que me apasiona, mi creatividad se activa y nacen nuevas ideas.

 

💘La trampa silenciosa de postergar lo que amamos, después lo hago. ¿Cuántas veces te has dicho esto? ¿Qué tanto has dejado pasar por esperar el momento perfecto?

 

Es que no se me da bien, debo ir a un lugar para aprenderlo. Pero hoy en día basta con buscar en la red y ver un tutorial. Lo importante es que empieces a conectarte con eso que te apasiona, poco a poco, sin tantas exigencias. Solo date el permiso de comenzar y en el camino ir descubriendo.

Esa postergación nos roba energía, y nos aleja de nuestros propósitos. Por ejemplo, yo cada día me estoy convenciendo que hablar en público no tiene que ser perfecto, pero si mostrarme real.Y postergar esa comunicación, me da la sensación de que no me tengo confianza, que siento que no soy suficiente y me siento mal, cada vez que me postergo. Al final, no postergamos solo la actividad: nos estamos postergando a nosotros mismos.

 

Quizás quieres volver a pintar, bailar, escribir, o simplemente salir a caminar sin el celular, pero lo aplazas porque piensas que aún no es el momento. ¿Y si hoy fuera el día perfecto para empezar, aunque sea con un pasito?

 

4.   💥Ejercicio práctico:Elige una actividad que te encante. Puede ser leer, caminar, escuchar tu canción favorita, preparar un café o escribir unas líneas. Obsérvate mientras la haces.

 o    ¿Cómo respira tu cuerpo?

 o    ¿Qué emociones aparecen?

    ¿Qué pensamientos surgen (claridad, calma, sonrisas, recuerdos, ideas nuevas… )?

 

    Escríbelo o simplemente reconócelo. Ponerle palabras a la experiencia te ayuda a no dejarla pasar desapercibida.


Hacer lo que amamos es recordar quiénes somos. Sentirlo, observarlo y no postergarlo es honrar nuestra vida.


Yo he empezado por reafirmar lo que quiero lograr, como quien planta una semilla y confía en verla crecer cada día. ¿Me acompañas en este viaje?